Maduro, una década de resistencia frente a los envites de la oposición

Artículo de Ibai Trebiño para Nós Diario.
Publicado originalmente en galego.

El 14 de abril de 2013 Nicolás Maduro Moros se convertiría en el nuevo presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Con el 50,66% de los votos frente al 49,07% del opositor Capriles, Maduro lograría vencer una elección que la oposición catalogaría de “fraude” y que diez años después refleja perfectamente la división social y dinámica política de confrontación vivida en el país caribeño durante la última década. Maduro -que había asumido la Presidencia de Venezuela el 8 de marzo de 2013 Nicolás Maduro días después del fallecimiento de Hugo Chávez- se juramentaría el 19 de abril para el período 2013-2019.

Daba comienzo lo que la oposición catalogaría como “madurismo” -término, por otro lado, acuñado para disociar a Maduro del chavismo.-; es decir, la fase post-Chávez donde tras la desaparición física del líder de la revolución bolivariana el país volvería al viejo régimen. La caída del chavismo parecía “cuestión de tiempo” y ni los más pesimistas podrían imaginar, diez años después, al “presidente obrero” aún en el poder.

Diez años de hostilidades

La súbita caída de los precios del petróleo -desde los 110 dólares por barril hasta los 30 dólares por barril- en menos de un año marcaría el inicio de las hostilidades contra una economía excesivamente dependiente del petróleo y totalmente rentista; Una contradicción que la oposición, con ayuda y beneplácito de los EEUU, ha intentado aprovechar y que tuvo en 2015 su punto álgido cuando Barack Obama señalaría al “régimen venezolano” como una “amenaza” para la seguridad de los Estados Unidos, dando comienzo así a una serie de medidas coercitivas cuyo objetivo ha sido ahogar al pueblo venezolano.

Bloqueo

Desde 2015, ha habido cerca de 1000 medidas sancionadoras contra el Estado Venezolano y personas del gobierno por parte de EEUU y los gobiernos europeos, incluido el bloqueo de activos de dinero y oro, la introducción del dólar paralelo en la economía venezolana con el objetivo de provocar la devaluación de la moneda nacional, la hiperinflación o el desabastecimiento, provocado este último, por los opositores contra la regulación de precios de los productos básicos por parte del gobierno, y cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo para enseñar “lo mal que se vive en Venezuela” y que demuestran ser parte de la brutal campaña occidental de propaganda y desinformación contra Venezuela.

Estas han sido algunas de las armas empleadas -incitadas por Occidente- en esta guerra sin cuartel contra un presidente, que guste más o menos, ha sido elegido de acuerdo a las leyes electorales y democráticas del país, bajo las cuales, paradójicamente, la oposición lograría una incontestable victoria en las elecciones legislativas de 2015 haciéndose con dos terceras partes del Parlamento.

Del bloqueo a la esperanza

El ataque continuo al que Nicolás Maduro ha sido sometido desde el inicio de su mandato resume perfectamente una década de liderazgo. Una década repleta de situaciones políticas extremas, desde intentos de golpes de estado hasta invasiones fallidas mediante mercenarios, pasando hasta por un intento de magnicidio. Situaciones que ni siquiera el propio Hugo Chávez padeció y que otorgan tintes casi épicos al mandato de Maduro.

En el plano estrictamente económico, el ejecutivo ha debido tomar medidas para paliar la crisis económica: desde la subida continua de salarios -para hacer frente a la capacidad de adquisición prácticamente nula de la población- a bonos de ayuda o el reparto del CLAP, la caja de productos alimentarios básicos, a todas las familias del país. Y también se ha visto obligado a tomar otra serie de medidas, que aunque poco tienen que ver con la ideología socialista, han sido de vital trascendencia en la coyuntura actual como por ejemplo la liberalización del dólar, medida que a pesar del costo de asumir la injerencia estadounidense en la política económica del país, ha provocado que el dinero vuelva a fluir en la calle, mejorando así la capacidad adquisitiva de la población y su calidad de vida.

Así, son muchos los que hablan ya de la recuperación económica de uno de los países más prósperos de Latinoamérica y que podría materializarse con un eventual fin de las sanciones económicas. Con Guaidó fuera de juego, su estrategia hundida y en la antesala de una crisis energética mundial, son muchos los países que están restableciendo las relaciones diplomáticas con la República Bolivariana, incluida la vecina Colombia con el victorioso presidente Petro a la cabeza, relación ésta destinada a ser el pulmón de la nueva economía venezolana.

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