La guerra de las vacunas, turismo de lujo y poder

Richard Benavides, politólogo

El mundo se enfrenta a una pandemia desde marzo de 2020, pandemia que ha afectado a la sociedad en su totalidad, se puede creer que debido a los duros confinamientos, las implicaciones económicas, los millones de infectados y los miles de muertos, la sociedad en su conjunto podría encontrar un objetivo en común para la subsistencia de la humanidad.

Durante los meses más duros de la pandemia recuerdo como todos los días las personas hacían eco en sus balcones de aplausos en favor de los que combatían contra esta infección, eran muestras de solidaridad, únicas muestras de apoyo que tenían las personas para demostrar a todos los que batallaban que no estaban solos, que eran muchos los que desde la distancia daban su aliento, pero esto no era suficiente, se necesitaba algo más, se necesitaba algo que pudiese frenar esa primera “ola” de contagios, se necesitaba una vacuna.

En un desafío de la humanidad, todos pusieron todos los medios necesarios para poder encontrar una vacuna para vencer en esta guerra, una inversión gigantesca para dar por fin con una cura o por lo menos un paliativo para frenar e intentar tener una nueva normalidad en la sociedad. Según datos de la BBC junto AIRFINITY en un estudio realizado, determinan que de los más de 25.000 millones de dólares de los recursos que se han utilizado para el desarrollo de las distintas vacunas, más del 43% de los recursos son de origen privado y esto refleja lo que está sucediendo ahora mismo con el tema de la vacunación; como según el mercado, todo en esta vida tiene un precio, incluso la vida misma, ahora existe una guerra de las vacunas.

La guerra de las vacunas no es más que la guerra de los ricos contra los pobres y muchos gobiernos están viendo como lo que siempre han defendido, el libre mercado, hoy se les da la vuelta y los obliga a chocarse con la realidad. Hoy mismo existe una guerra contra las corporaciones farmacéuticas, desde la UE se han impuesto medidas restrictivas en contra de la farmacéutica Astra Zeneca por incumplimiento de contrato, esta farmacéutica a desviado parte de su producción de vacunas a países que pagan mucho más por estas, aun cuando se había firmado un contrato para su distribución dentro de la unión europea; esto no es más que el mercado cumpliendo su función, vender al mejor postor porque el interés no es salvar vidas, el verdadero interés es ganar dinero por encima de las vidas.

Pero como si fuese poco, existe un mercado de turismo de vacunación de lujo, una empresa británica llamada Knightsbridge Circle, está ofreciendo a clientes de lujo mayores de 65 años un paquete de 7 estrellas que incluye un vuelo privado a Dubái donde recibirán la vacuna Pfizer en una clínica privada, todo por el costo de 55.000 dólares. Esto sucede con el turismo de lujo, pero también sucede en varios cargos de gobierno que se valen de su posición para obtener primero la vacuna sin importar los miles de muertes que existen, en el caso de España, son varios los casos de alcaldes, consejeros de salud y hasta miembros del alto mando del ejército que se han saltado la cola para inmunizarse, son los privilegiados de un sistema donde privan solo dos cosas, el dinero o el poder que se tenga dentro de un Estado.

No todo está perdido, hay voces de esperanza que retumban, que dicen que la vida es lo principal, Rusia, China y Cuba son algunas de las voces de la cordura, voces de la conciencia que apuestan por la cooperación y que saben que sin salud y sin vida no hay economía, en el caso ruso, sus vacunas están en Latinoamérica, recorren miles de kilómetros para intentar apoyar a los pueblos menos favorecidos del mundo, Cuba tiene planes de donar aproximadamente 75 millones de dosis de su propia vacuna a los pueblos que no tengan los recursos para poder pagarlas, esta es la diferencia entre solidaridad y negocios, esta es la diferencia entre humanidad o barbarie.

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