“Así enfrentamos los problemas en Venezuela”. Entrevista exclusiva al dirigente del PSUV Eduardo Piñate /ESP-IT

“Así enfrentamos los problemas en Venezuela”. Entrevista exclusiva al dirigente del PSUV Eduardo Piñate

Eduardo Piñate, miembro de la Dirección Nacional del Partido Socialista Unido del Venezuela (PSUV),  tiene una larga trayectoria política, antes y durante la revolución bolivariana. Con él hemos discutido la fase que atraviesa el proceso bolivariano dentro de la coyuntura internacional.

¿Qué papel juega la clase obrera en el proceso bolivariano y en la construcción del Bloque Histórico, y cómo ha cambiado la composición de la clase desde la IV República hasta hoy? ¿Podemos hablar de una “aristocracia obrera” y de ser así, en qué términos?

La clase obrera es la clase de vanguardia del Bloque Histórico Bolivariano  socialista, conformado por todo el pueblo explotado y oprimido en los 168 años de la  IV República, desde 1830  cuando fue derrotado el proyecto de Bolívar y la oligarquía tomó el poder y asumió la hegemonía en el país y el continente  hasta que el Comandante Chávez asumió la Presidencia de la República en febrero de 1999. La clase obrera es la clase de vanguardia en la construcción del Socialismo, esa es una verdad incontrovertible desde que Marx y Engels la plantearon a mediados del siglo XIX en el “Manifiesto Comunista” y otros trabajos. Marx en su obra cumbre “El Capital” al desnudar las contradicciones del sistema capitalista, también presenta de manera profunda a sus sepultureros: El proletariado.

Ahora bien, el Comandante Chávez en su momento y el Camarada Nicolás Maduro, han reivindicado a la clase obrera en su papel de vanguardia; “Sin la clase obrera no será posible construir el Socialismo Bolivariano”, plantearon ambos; así también está recogido en la declaración de principios y las bases programáticas del PSUV, aunque, desde luego, no lo hará sola, precisa del resto de las clases y sectores sociales que conforman el pueblo y el Bloque Histórico Bolivariano y Socialista.

Para nosotros hoy en Venezuela ese no es un problema doctrinario o filosófico, es una demanda del momento. La brutal guerra a la que hemos sido sometidos por el imperialismo, golpeó duramente la producción, la economía y las condiciones materiales de vida del pueblo; no obstante, hemos resistido por la conciencia del pueblo, por una dirección revolucionaria consecuente y un gobierno, encabezado por Nicolás Maduro, que desarrolló todo un sistema de protección social. Pero nos planteamos pasar de la resistencia a la ofensiva, para derrotar el bloqueo y las sanciones y recuperar la economía, en función de llegar a los niveles de prosperidad que logramos en la primera década de la Revolución. Eso solo es posible levantando la producción, desarrollando las fuerzas productivas, elevando la producción de riquezas y para esta tarea la vanguardia es la clase obrera, que ya la viene asumiendo con los Consejos Productivos de Trabajadores (CPT), armados de un nuevo modelo de gestión (El Modelo de Gestión Empresarial Socialista) y los cuerpos combatientes de la clase obrera, como garantías de la producción en cualquier circunstancia: guerra, paz, conmoción interna o desastre natural.

El cambio en la clase obrera desde la IV República hasta hoy, es principalmente en su nivel de conciencia y su organización, que nos ha permitido elevar la producción en sectores fundamentales del país y seguir avanzando. No quiere decir que tengamos resueltos todos los problemas, aun debemos avanzar más con los CPT y la implantación del nuevo modelo de gestión en sectores o empresas donde todavía hay resistencia, también debemos superar limitaciones en  el movimiento sindical, pero nadie puede negar el importante papel de vanguardia de la clase obrera venezolana en esta fase de la construcción del Socialismo Bolivariano.

En mi modesta opinión, la “aristocracia obrera” se acabó en Venezuela con la CTV. En la medida que esa organización de domesticación  de la clase se fue reduciendo a lo que es hoy, una especie de fantasma con existencia jurídica, pero no real, se fue acabando la “aristocracia obrera” de la que la cúpula de esa organización fue la expresión más desarrollada en Venezuela. Sus dos últimos actos como tal fueron el golpe de Estado contra el Comandante Chávez  el 11 de abril de 2002 y el paro sabotaje petrolero de diciembre de 2002 a febrero de 2003. En ambos casos, se agruparon con lo más reaccionario de la sociedad venezolana; la organización empresarial Fedecamaras, la Conferencia Episcopal y los partidos de derecha, bajo la dirección del imperialismo estadounidense, y fueron derrotados por nuestro pueblo en unión cívico militar

La pandemia del coronavirus ha dejado al descubierto la crisis estructural del modelo capitalista y ha sacado a la luz nuevas formas de trabajo que pueden significar nuevas formas de explotación, como el trabajo a distancia. ¿Cómo está reflexionando el PSUV sobre esto y qué salvaguardas imagina?

La pandemia del coronavirus no solo ha dejado al descubierto la crisis estructural del modelo capitalista, sino que la aceleró y la profundizó, con consecuencias terribles para la propia  economía capitalista, para los trabajadores y para los pueblos.

También aceleró la emergencia de  nuevas tendencias y formas de trabajo que ya existían, algunas desde la década de 1970 del siglo pasado, como el teletrabajo, según algunos especialistas. En algunos países por ejemplo Perú y Argentina, ya hay legislación sobre la materia,  lo cual refuerza el hecho de que existían antes de la pandemia.

Nosotros estamos reflexionando sobre eso, el año pasado desde el Ministerio del Poder Popular para el Proceso Social de Trabajo, hicimos un seminario nacional sobre Teletrabajo que agrupó a especialistas de distintas disciplinas, dirigentes sindicales y obreros en general, dirigentes políticos y empresarios. Sé que también algunos sectores empresariales de Venezuela discuten hoy sobre el tema.

El desafío  central para una revolución como la nuestra – socialista, bolivariana y chavista – es que ante una realidad que llegó para quedarse, como el trabajo a distancia, teletrabajo o trabajo 2.0, como también lo llaman; tenemos que preservar los derechos de los trabajadores, establecidos en nuestra legislación laboral y nuestro texto constitucional, impedir que sea una  fuente. de flexibilización de las relaciones laborales y de explotación o sobreexplotación de de la fuerza de trabajo.

 

La pandemia del coronavirus ha puesto de manifiesto la necesidad del papel del Estado y la planificación socialista a nivel mundial. ¿Cómo se concilia esto con el Estado de las comunas que se quiere construir y cómo funcionará en la práctica?

El Estado Comunal no significa una federación de comunas. La comuna está concebida como el núcleo del Estado socialista bolivariano que estamos construyendo,  que implica un nivel muy importante de centralización política – más aún en las condiciones de guerra a la que estamos sometidos por el imperialismo y sus lacayos – y desconcentración administrativa.  Las comunas son el espacio territorial para el ejercicio directo del Poder por parte del pueblo, como lo establece la Constitución Bolivariana y en ese sentido, son el instrumento para fortalecer el protagonismo del pueblo, nuestra democracia participativa y protagónica y del Estado Revolucionario, que con ellas favorece la conexión de los escalones superiores de toma de decisiones, en el Estado con las bases del pueblo.

Eres un marxista que se formó en la gran escuela del siglo XX. ¿Cómo se le ocurrió la idea del socialismo del siglo XXI y cómo encaja esto con su educación política?

La idea o el planteamiento del Socialismo del siglo XXI, es del Comandante Supremo Hugo Chávez. Cuando el Comandante planteó esa categoría lo hizo desde una posición profundamente dialéctica y por lo tanto anti-dogmatica; en ella establece, por un lado, el carácter original de nuestro socialismo, que parte de nuestra realidad histórico – cultural, de nuestras luchas, de las tesis sobre el carácter original que deben tener nuestras instituciones y procesos de  liberación, expresadas por Bolívar y Simón Rodríguez  en el siglo XIX y José Carlos Mariátegui en el siglo XX, entre otros. En ese sentido, expresa una ruptura con las experiencias del llamado “socialismo real” en Europa Oriental y sus desviaciones burocráticas y anti-democráticas.

Pero al mismo tiempo, es continuidad de la idea del socialismo y lo mejor  de la tradición  teórica y práctica del marxismo: su humanismo, el carácter liberador, la lucha contra la explotación capitalista, la necesidad del partido revolucionario de vanguardia y el internacionalismo, entre otros. Además, incorpora en su pensamiento y doctrina, aportes latinoamericanos que tienen gran nfluencia del marxismo, como la Educación Popular (con Paulo Freire y otros) y  la Teología de la Liberación.

Después del gran ciclo de lucha de la década de 1970, durante el cual se produjo también una oposición armada en Europa, ya no existe una subjetividad organizada capaz de aprovechar las crisis producidas por el capitalismo. ¿Cuál es tu análisis considerando que el PSUV ha organizado varios congresos mundiales centrados en una agenda común de lucha internacionalista?

Yo creo que hoy tiene más vigencia que nunca la tesis de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: “La lucha de los proletarios es nacional  por  su forma  e internacional, por su contenido”. La arremetida de la oligarquía financiera internacional, del gran capital, contra los pueblos, desde mediados de la década de 1970 y principios de los 80 con la consolidación del neoliberalismo, hasta hoy, confirma esa tesis de la necesaria unidad de los pueblos y la clase obrera a escala internacional para enfrentarlos y derrotarlos.

En todo este período hubo procesos de lucha y resistencia parciales, por países o por movimientos. En Europa hubo una derrota del movimiento revolucionario y del movimiento obrero, que terminó perdiendo en  las últimas tres décadas del siglo XX las conquistas logradas en la primera mitad del siglo; esto a pesar del Mayo Francés, de los movimientos insurgentes en países como Italia y Alemania en los 70 y varias importantes huelgas obreras de esos años. Paralelamente, surgieron  las tesis del Eurocomunismo  y otras, que simplemente reeditaron la traición histórica de la socialdemocracia, ya denunciada por Lenin.

En Venezuela y América Latina vivimos un proceso inverso en la primera década del siglo XXI con la Revolución Bolivariana, Chávez y el pueblo venezolano al frente – como doscientos años antes – , proceso que condujo a la perdida de la iniciativa política del imperialismo en el continente y a cambiar la correlación de fuerzas, con el surgimiento de un grupo de gobiernos progresistas, nacionalistas y revolucionarios con distintos niveles de radicalidad, pero que, objetivamente, entraron en contradicción con el imperialismo. La derrota del ALCA y la creación de nuevas organizaciones de integración latinoamericana y caribeña como  la ALBA, UNASUR y la CELAC, son una muestra de lo que decimos.

Cierto es que el imperialismo lanzó contraofensivas y recuperó  espacios, varios de los cuales han sido retomados por los pueblos. Nuestra América hoy es continente en disputa, pero la conciencia antiimperialista de nuestros pueblos nos está llevando a una segunda oleada Revolucionaria, más profunda que la primera, como ha dicho el camarada Presidente Nicolás Maduro.

Por otra parte, estamos en medio de una confrontación geopolítica planetaria, en el marco de la crisis global y estructural del capitalismo. Todo el sistema de relaciones – políticas, económicas, culturales y militares – que se conformó después de la II guerra mundial  está en cuestión, incluyendo la hegemonía de EEUU en el mundo, por la emergencia de otros países, con economías y fortaleza política y militar. El núcleo geopolítico planetario se está desplazando  hacia la región del Asia Pacifico, como lo llaman algunos, con China y Rusia a la cabeza.

En estas condiciones, es fundamental la unión de los pueblos para destruir el capitalismo, el neoliberalismo y el imperialismo y construir el Socialismo. Esa es nuestra visión de este problema.

La lucha contra el patriarcado es un eje fundamental de la lucha contra el capitalismo y el imperialismo. ¿Cómo desarrollaste este tema? ¿Es cierto que ha habido un retroceso progresivo tras la desaparición de Chávez?

Los y las socialistas luchamos contra toda forma de explotación y opresión, luchamos por la igualdad establecida y practicada, como propuso el Libertador en su famoso Discurso de Angostura. El patriarcado es enemigo de esa igualdad. El Comandante Chávez y el presidente Nicolás Maduro siempre enfatizan que el socialismo o es feminista o no es socialismo, y yo lo creo.

Con el Comandante Hugo Chávez avanzamos mucho en la lucha contra el patriarcado y por la igualdad de género,  tanto desde el punto de vista institucional, como conceptual. El Presidente Nicolás Maduro le ha dado continuidad a esta batalla, que no es fácil, pues se trata de luchar contra más de 500 años de cultura machista y patriarcal.

En conclusión, no creo que hayamos retrocedido después de la desaparición física del Comandante Chávez; a lo mejor no hemos avanzado con la rapidez necesaria, pero no hemos retrocedido; la lucha contra el patriarcado es un componente esencial de nuestro programa revolucionario.

 

¿Puede resumir en la práctica, cuáles fueron las medidas para proteger a las trabajadoras y los trabajadores, incluso informales, decididas por Maduro, en estos tiempos de pandemia?

Te resumo algunas:

  • Decreto de Inamovilidad Laboral hasta el 31 de diciembre de 2020. Ratificado ese mismo día mediante decreto presidencial por dos años más.
  • El Gobierno asumió el pago de las nóminas de las pequeñas y medianas empresas que entraran en cuarentena, así como a los trabajadores informales.
  • Prohibición del desalojo por falta de pago de alquiler a personas y empresas que no estaban laborando, producto de la cuarentena.
  • Se reforzó todo el sistema de los bonos solidarios a través del Carnet de la Patria.
  • En mayo de 2020 hubo un incremento del salario mínimo y del cesta ticket socialista y el 1ro de noviembre entró en vigencia un ajuste al ingreso de los trabajadores del sector público, como parte de la política de defensa del salario y el ingreso de las familias.

 

Has leído la entrevista de Elías Jaua en la BBC en español de la que también habló Maduro? En la práctica, Jaua dice que con el bloqueo hemos vuelto a una situación capitalista. ¿Es eso así? Y en este caso, ¿no cree que las necesarias medidas económicas previstas por la Ley Constitucional Antibloqueo alejarían aun más la perspectiva de la transición al socialismo?

El Comandante Hugo Chávez concibió el socialismo venezolano en cinco dimensiones: política, económica, social, moral y territorial. La primera conclusión es que en el proceso de transición socialista en Venezuela se cumple la ley del desarrollo desigual y combinado. Nuestros avances  en los terrenos político y social son indudables. Tenemos una democracia vigorosa, viva, con instituciones sólidas y ahora más fortalecidas con  la recuperación de la Asamblea Nacional por las fuerzas revolucionarias; nuestro modelo democrático participativo y protagónico es muy superior a la democracia liberal burguesa; nuestra democracia se basa en el protagonismo popular a través de una amplia y diversa red de organizaciones que conforman el Poder Popular. No concebimos la democracia como un acto que se realiza cada 5 o 6 años para definir los cargos de elección popular – aunque hacemos elecciones de este tipo y bastantes más que ningún otro país del mundo – la concebimos como un proceso cotidiano de toma de decisiones en todos los espacios, territoriales y sociales, en las comunidades, en los centros de estudios y en los centros de trabajo. En lo social, a pesar de lo brutal de la guerra contra nuestro pueblo, hemos defendido los logros sociales de la revolución con una política de protección social que garantiza el acceso gratuito a la educación (con más del 90% de escolaridad y 80% de ellos en la educación pública)  a la salud (los resultados de la lucha contra el COVID 19 en el país son una muestra evidente), el derecho a la vivienda (no creo que haya un solo país del mundo que haya construido y entregado al pueblo 3 millones 400 mil viviendas entre 2011 y 2020), el derecho al trabajo y la política de defensa del salario y los ingresos de la familia; son una muestra de un proyecto  que construye la igualdad social como expresión del socialismo.

Obviamente, donde avanzamos con más lentitud es en la dimensión  económica. Creo que es una dimensión en la que se han producido grandes debates históricos en los países que se han planteado procesos de construcción socialista; recordemos los debates en la URSS con la aplicación de la NEP, en los que participan, entre otros, Lenin,  Trotsky, Bujarin y Preobajenski; o en Cuba a principio de los 60 entre el Che, Charles Bettelheim y Carlos Rafael Rodríguez, entre otros. En este terreno, la primera conclusión es que no hay recetas, que tenemos que afrontar el debate y la investigación con el espíritu crítico y anti- dogmatico de Chávez o del Che.

En nuestra opinión, en Venezuela vivimos un periodo de prosperidad económica entre 2006 y 2012, allí están los indicadores, lo cual nos permitió acometer transformaciones sociales, en la infraestructura productiva y en la economía, que nos pusieron en un alto nivel de desarrollo social. A partir del 2013 el imperialismo se planteó  y lo logró con el bloqueo, las medidas coercitivas unilaterales (las mal llamadas sanciones), el robo de nuestros activos en el exterior y la persecución  de nuestras operaciones comerciales y financieras por todo el mundo, detener el ingreso de divisas al país para lo cual centró  su ataque en PDVSA y el Banco Central de Venezuela. De modo que en el  año 2013 ingresaron al país por concepto de ingreso petrolero, más de 56 mil millones de USD, en 2020 ingresaron 740 millones de USD. Creo que esto da una medida del impacto de la agresión económica contra Venezuela.

La Ley Constitucional Antibloqueo es nuestra respuesta a esa agresión y tiene la finalidad de traer inversiones al país para incrementar el ingreso de divisas en función de seguir activando el aparato productivo, mejorar el salario de los trabajadores, el ingreso de las familias, etc. En ese sentido, no aleja la perspectiva de la transición al socialismo, sino que la acerca.

La dimensión ética, moral, la de los valores, es un terreno de combate. Es obvio que hemos avanzado, de no haber sido así no habríamos resistido la guerra multiforme del imperialismo; no obstante, es mucho lo que tenemos que hacer para derrotar la ideología burguesa y sus manifestaciones. El modelo rentista petrolero que tiene más de 100 años instalado en el país, dejó una cultura también rentista que es antagónica a los  valores del chavismo. En el terreno ideológico y cultural también se libra un fiero combate en Venezuela.

En conclusión, en Venezuela no estamos volviendo al capitalismo donde ya lo superamos, en el caso de la economía nunca hemos tenido una economía socialista, eso ya lo dijo Chávez en la introducción al Plan de la Patria: “ No nos llenemos a engaño, la formación económico-social venezolana es capitalista, el socialismo entre nosotros apenas empieza a dar sus primeros pasos”. dijo el Comandante; resistimos la agresión económica del imperialismo, nos preparamos para dar el salto hacia una economía diversificada y productiva, para avanzar hacia el socialismo.

La farsa del autoproclamado continuará, quizás en otras formas. ¿Tendrá que convivir el proceso bolivariano con una especie de contrapoder reaccionario? ¿Cómo afrontar el problema?

El contrapoder reaccionario de la Revolución Bolivariana es el imperialismo, la persona que mencionas y su grupo delincuencial ya no tienen ninguna influencia política en ningún sector del país. De ellos se encargarán las instituciones, la justicia y la Historia.

A menudo se ha hablado de la necesidad de una revolución en el sector administrativo del Estado, fuente de burocracia y de corrupción. Como sabemos, ha habido diferentes formas de abordar este problema: en la China de Mao y en la actual, en la Rusia de Lenin o en la Cuba de Fidel Castro, etc. Uno de los obstáculos a enfrentar es el de la formación, tanto política como profesional, de los cuadros dirigentes del Estado y de las relaciones con el partido. ¿Cómo funciona en Venezuela? ¿Cómo se aborda este problema dado que en los ministerios los funcionarios públicos sueles ser de la IV República?

El tema del burocratismo es también un tema común a la revolución socialista del siglo XX – hay trabajos sobre ello de Lenin y el Che, por mencionar dos experiencias concretas de distintos momentos del siglo pasado, así como el de la  corrupción.  Ambos parecen haber transcendido, con mayor o menor intensidad, al siglo XXI.

Por razones históricas, nosotros heredamos el modelo rentista petrolero que es, como afirmamos en otra parte de tu entrevista, antagónico al socialismo, que es por esencia la sociedad del trabajo. Ese modelo tiene también una cultura rentista, e incluso una cultura burocrática, asociada a él, que se produce y reproduce todos los días en diversas instituciones del Estado. Se impone por la fuerza de la costumbre y de la ideología burguesa que todavía permea determinados sectores de la sociedad.

Eso es así, independientemente que en los ministerios y otras instituciones del Estado los servidores públicos estén allí desde la IV república o hayan llegado en la V, y tiene razones estructurales. Por eso avanzamos con la transformación del Estado- junto a la economía y toda la sociedad – con el fortalecimiento del Poder Popular, que va a ser un factor determinante de esa transformación con el parlamento comunal y las ciudades comunales, que serán discutidas por la nueva Asamblea Nacional. Por otro lado, el camarada presidente Nicolás Maduro nos convoca siempre a la lucha contra el burocratismo, la negligencia, y la corrupción, contra lo mal hecho, contra el minimalismo (que consiste en hacer solo el mínimo necesario, no esforzarse por dar más). Es una batalla permanente que tenemos que desarrollar desde el partido de vanguardia política de Revolución Bolivariana, el PSUV, y desde las propias instituciones del Estado. Es una batalla que tiene que ver con la formación, que involucra teoría y práctica, y el análisis crítico y autocritico de la propia experiencia- individual y colectiva – de los funcionarios y también, revisar y renovar permanentemente los métodos de trabajo y dirección para hacerlos más democráticos y participativos y también los liderazgos.

Así enfrentamos este problema en Venezuela.

Geraldina Colotti

«Così affrontiamo i problemi in Venezuela». Intervista al dirigente del PSUV Eduardo Piñate

Eduardo Piñate, membro della Direzione Nazionale del Partito Socialista Unito del Venezuela (PSUV), ha una lunga carriera politica al suo attivo, prima e durante la rivoluzione bolivariana. Con lui abbiamo discusso della fase che sta attraversando il processo bolivariano in questa congiuntura internazionale.

Che ruolo gioca la classe operaia nel processo bolivariano e nella costruzione del blocco storico, e com’è cambiata la composizione di classe dalla Quarta Repubblica ad oggi? Si può parlare di «aristocrazia operaia» e, se sì, in quali termini?

La classe operaia è la classe d’avanguardia del Blocco storico socialista bolivariano, composto da tutte le persone sfruttate e oppresse nei 168 anni della Quarta Repubblica, dal 1830 quando il progetto di Bolívar fu sconfitto e l’oligarchia prese il potere e conquistò l’egemonia nel paese e nel continente, fino a che il comandante Chávez non ha assunto la presidenza della Repubblica nel febbraio 1999. La classe operaia è la classe all’avanguardia nella costruzione del socialismo, questa è una verità incontrovertibile che Marx ed Engels hanno posto a metà del XIX secolo nel «Manifesto comunista» e altre opere. Nel Capitale, esponendo le contraddizioni del sistema capitalista, Marx spiega anche chi sarà il suo becchino: il proletariato. Ora, il comandante Chávez a suo tempo, e il compagno Nicolás Maduro poi, hanno rivendicato il ruolo di avanguardia della classe operaia: «Senza la classe operaia non sarà possibile costruire il socialismo bolivariano», hanno affermato entrambi. Un concetto incluso anche nella dichiarazione dei principi e nelle basi programmatiche del PSUV, fermo restando che, ovviamente, la classe operaia non agirà da sola, ma con il resto delle classi e dei settori sociali che compongono il popolo e il blocco storico bolivariano e socialista. Per noi, oggi, in Venezuela questo non è un problema dottrinale o filosofico, è una esigenza del momento. La guerra brutale a cui siamo stati sottoposti dall’imperialismo, ha colpito duramente la produzione, l’economia e le condizioni materiali di vita delle persone. Nonostante questo, abbiamo resistito grazie alla coscienza del popolo, a una direzione rivoluzionaria coerente, e a un governo, guidato da Nicolás Maduro, che ha sviluppato un intero sistema di protezione sociale. Ma abbiamo in programma di passare dalla resistenza all’offensiva, per sconfiggere il blocco e le sanzioni e recuperare l’economia, al fine di ripristinare i livelli di prosperità che avevamo raggiunto nel primo decennio della Rivoluzione. Ciò è possibile solo aumentando la produzione, sviluppando le forze produttive, aumentando la produzione di ricchezza. E per questo compito, l’avanguardia è la classe operaia, che l’ha già assunto con i Consigli Produttivi dei Lavoratori (CPT), armata di un nuovo modello di gestione (il Modello di Gestione Impresariale Socialista) e con gli organismi combattenti della classe operaia come garanzie di produzione in qualsiasi circostanza: guerra, pace, disordini interni o disastri naturali. Il cambiamento della classe operaia, dalla Quarta Repubblica ad oggi, è principalmente nel suo livello di coscienza e nella sua organizzazione, che ci ha permesso di aumentare la produzione in settori fondamentali del paese e continuare ad avanzare. Non significa che abbiamo risolto tutti i problemi, dobbiamo ancora avanzare di più con i CPT e l’attuazione del nuovo modello di gestione in settori o aziende dove c’è ancora resistenza, dobbiamo anche superare i limiti del movimento sindacale, ma nessuno può negare il ruolo importante di avanguardia della classe operaia venezuelana in questa fase della costruzione del socialismo bolivariano.

A mio modesto parere, l ‘»aristocrazia operaia» è finita in Venezuela con la parabola della vecchia Confederazione dei lavoratori (CTV). Nella misura in cui quell’organizzazione per l’addomesticamento della classe si è progressivamente ridotta a ciò che è oggi, una specie di fantasma con un’esistenza legale, ma non reale, è andata scomparendo l’»aristocrazia operaia», di cui il vertice di quell’organizzazione era l’espressione più sviluppata in Venezuela. I loro due ultimi atti in quanto tali sono stati il colpo di stato contro il comandante Chávez, l’11 aprile 2002, e lo sciopero del sabotaggio petrolifero, dal dicembre 2002 al febbraio 2003. In entrambi i casi, hanno agito alleandosi con gli strati più reazionari della società venezuelana: l’organizzazione imprenditoriale Fedecamaras, la Conferenza episcopale e i partiti di destra, sotto la guida dell’imperialismo statunitense, e sono stati sconfitti dal nostro popolo in un’unione civico-militare.

La pandemia da coronavirus ha messo a nudo la crisi strutturale del modello capitalista e ha portato alla luce nuove forme di lavoro che possono significare nuove forme di sfruttamento, come il lavoro a distanza. Come sta riflettendo il PSUV su questo e quali garanzie prevede a difesa dei lavoratori e delle lavoratrici?

La pandemia da coronavirus non solo ha smascherato la crisi strutturale del modello capitalista, ma l’ha accelerata e approfondita, con conseguenze terribili per la stessa economia capitalista, per i lavoratori e per i popoli. Ha inoltre accelerato l’emergere di nuove tendenze e forme di lavoro già esistenti, alcune degli anni ’70 del secolo scorso, come il telelavoro, secondo alcuni specialisti. In alcuni paesi, ad esempio Perù e Argentina, esiste già una legislazione in materia, il che rafforza il fatto che esistessero prima della pandemia. Stiamo riflettendo su questo, l’anno scorso dal Ministero del Potere Popolare per il Processo di Lavoro Sociale, abbiamo tenuto un seminario nazionale sul Telelavoro che ha riunito specialisti di diverse discipline, dirigenti sindacali e lavoratori in genere, leader politici e imprenditori. So che anche alcuni settori economici in Venezuela stanno discutendo oggi di questo problema. La sfida centrale per una rivoluzione come la nostra – socialista, bolivariana e chavista – è quella che, di fronte a una realtà che è qui per restare, come il lavoro a distanza, il telelavoro o il lavoro 2.0, come pure viene definito, dobbiamo preservare i diritti dei lavoratori, stabiliti nella nostra legislazione sul lavoro e nel nostro testo costituzionale, dobbiamo impedire che sia una fonte di flessibilizzazione dei rapporti di lavoro e sfruttamento o sovrasfruttamento della forza lavoro.

La pandemia da coronavirus ha anche evidenziato, in tutto il mondo, la necessità del ruolo dello stato e della pianificazione socialista. Come si concilia questo con lo Stato delle comunas che il governo bolivariano vuole costruire e come funzionerà nella pratica?

Lo Stato comunale non significa una federazione di comunas. La comuna è concepita come il nucleo dello Stato socialista bolivariano che stiamo costruendo, il che implica un livello molto importante di centralizzazione politica – ancor più nelle condizioni di guerra a cui siamo sottoposti dall’imperialismo e dai suoi lacchè – e di difficoltà amministrativa. Le comunas sono lo spazio territoriale per l’esercizio diretto del Potere da parte del popolo, come stabilito dalla Costituzione Bolivariana e, in tal senso, sono lo strumento per rafforzare la direzione del popolo, la nostra democrazia partecipativa e protagonista e lo Stato rivoluzionario, che così favoriscono il collegamento dei vertici del processo decisionale, nello Stato, con le basi del popolo.

Tu sei un marxista cresciuto alla grande scuola del XX secolo. Com’è nata l’idea del socialismo del 21° secolo e come si è integrata con la tua educazione politica?

L’idea o l’approccio del socialismo del XXI secolo è del comandante supremo Hugo Chávez. Quando il Comandante ha messo in campo questa categoria, lo ha fatto da una posizione profondamente dialettica e quindi anti-dogmatica. Essa stabilisce, da un lato, il carattere originale del nostro socialismo, che parte dalla nostra realtà storico-culturale, dalle nostre lotte, dalle tesi sul carattere originale che devono avere le nostre istituzioni e i nostri processi di liberazione, tesi espresse da Bolívar e Simón Rodríguez nel XIX secolo, e da José Carlos Mariátegui nel XX secolo, tra gli altri. In tal senso, questa categoria esprime una rottura con le esperienze del cosiddetto «socialismo reale» nell’Europa orientale e le sue deviazioni burocratiche e antidemocratiche. Ma, allo stesso tempo, è una continuità dell’idea di socialismo e il meglio della tradizione teorica e pratica del marxismo: il suo umanesimo, il carattere liberatorio, la lotta contro lo sfruttamento capitalista, la necessità del partito rivoluzionario d’avanguardia e l’internazionalismo… Inoltre, incorpora nel suo pensiero e nella sua dottrina contributi latinoamericani che sono stati molto influenzati dal marxismo, come l’Educazione Popolare (con Paulo Freire e altri) e la Teologia della Liberazione.

Dopo il grande ciclo di lotte degli anni Settanta, durante il quale c’è stata anche un’opposizione armata in Europa, non c’è più una soggettività organizzata in grado di sfruttare le crisi prodotte dal capitalismo. Qual è la tua analisi considerando che il PSUV ha organizzato diversi congressi mondiali incentrati su un’agenda comune di lotta internazionalista?

Credo che oggi la tesi di Marx ed Engels nel Manifesto comunista sia più valida che mai: «La lotta dei proletari è nazionale nella sua forma e internazionale nel suo contenuto». L’assalto dell’oligarchia finanziaria internazionale, del grande capitale, contro i popoli, dalla metà degli anni ’70 e l’inizio degli anni ’80 con il consolidamento del neoliberismo, fino ad oggi, conferma questa tesi della necessaria unità dei popoli e della classe su scala internazionale per affrontare il nemico e sconfiggerlo. Durante quel periodo, ci furono processi parziali di lotta e resistenza, da parte dei paesi o dei movimenti. In Europa c’è stata una sconfitta per il movimento rivoluzionario e il movimento operaio, che hanno finito per perdere negli ultimi tre decenni del XX secolo le conquiste ottenute nella prima metà del secolo; questo nonostante il maggio francese, i movimenti insurrezionali in paesi come l’Italia e la Germania negli anni ’70 e diversi importanti scioperi operai di quegli anni. Parallelamente, sono emerse le tesi dell’Eurocomunismo e altre, che si sono limitate a ristampare il tradimento storico della socialdemocrazia, già denunciato da Lenin. In Venezuela e in America Latina, abbiamo attraversato un processo inverso nel primo decennio del 21° secolo con la Rivoluzione Bolivariana, Chávez e il popolo venezuelano in primo piano; come duecento anni prima. Un processo che ha portato alla perdita dell’iniziativa politica dell’imperialismo nel continente e che ha cambiato i rapporti di forza, con l’emergere di un gruppo di governi progressisti, nazionalisti e rivoluzionari, ognuno con diversi livelli di radicalismo, ma che, oggettivamente, sono entrati in rotta di collisione con l’imperialismo. La sconfitta dell’ALCA e la creazione di nuove organizzazioni di integrazione latinoamericana e caraibica come ALBA, UNASUR e CELAC, sono un esempio di ciò che diciamo. È vero che l’imperialismo ha lanciato la controffensiva e ha recuperato spazi, molti dei quali sono stati però riconquistati dai popoli. La nostra America oggi è un continente in disputa, ma la coscienza antimperialista dei nostri popoli ci sta conducendo a una seconda ondata rivoluzionaria, più profonda della prima, come ha detto il compagno presidente Nicolás Maduro. D’altra parte, siamo nel mezzo di un confronto geopolitico planetario, nel quadro della crisi globale e strutturale del capitalismo. L’intero sistema di relazioni – politico, economico, culturale e militare – che si è formato dopo la seconda guerra mondiale, è in questione, compresa l’egemonia degli Stati Uniti nel mondo, a causa dell’emergere di altri paesi, altre economie che hanno forza politica e militare. Il nucleo geopolitico planetario si sta spostando verso la regione dell’Asia Pacifico, come alcuni la chiamano, con Cina e Russia in testa. In queste condizioni, l’unione dei popoli è essenziale per distruggere il capitalismo, il neoliberismo e l’imperialismo e costruire il socialismo. Questa è la nostra visione di questo problema.

La lotta al patriarcato è un asse fondamentale della lotta al capitalismo e all’imperialismo. Come hai sviluppato questo tema? È vero che c’è stata una progressiva regressione dopo la scomparsa di Chávez?

Noi socialisti combattiamo contro ogni forma di sfruttamento e di oppressione, lottiamo per l’uguaglianza consolidata e praticata, come proposto dal Libertador nel suo famoso discorso di Angostura. Il patriarcato è il nemico di questa uguaglianza. Il comandante Chávez e il presidente Nicolás Maduro sottolineano sempre che il socialismo o è femminista o non è socialismo, e io ci credo. Con il comandante Hugo Chávez, abbiamo fatto grandi progressi nella lotta al patriarcato e per l’uguaglianza di genere, sia dal punto di vista istituzionale che concettuale. Il presidente Nicolás Maduro ha dato continuità a questa battaglia, che non è facile, poiché si tratta di combattere contro più di 500 anni di cultura maschilista e patriarcale. In conclusione, non credo che siamo tornati indietro dopo la scomparsa fisica del comandante Chávez. Forse non siamo andati avanti abbastanza velocemente, ma non siamo regrediti; la lotta al patriarcato è una componente essenziale del nostro programma rivoluzionario.

Puoi sintetizzare quali sono state le misure a tutela dei lavoratori, anche di quelli informali, decise da Maduro in questi tempi di pandemia?

Ne riassumo alcuni:

  • Decreto di inamovibilità del lavoro fino al 31 dicembre 2020. Ratificato lo stesso giorno con decreto presidenziale per ulteriori due anni.
  • Il governo si è assunto il pagamento degli stipendi delle piccole e medie imprese entrate in quarantena, nonché dei lavoratori informali.
  • Divieto di sfratto per mancato pagamento dell’affitto a persone e aziende che non lavoravano, a seguito della quarantena.
  • L’intero sistema dei legami di solidarietà è stato rafforzato attraverso il Carnet de la Patria.
  • A maggio 2020 c’è stato un aumento del salario minimo e del paniere socialista di beni e servizi, e il 1° novembre è entrato in vigore un adeguamento del reddito dei lavoratori del settore pubblico, come parte della politica di difesa dei salari e del reddito familiare

 

Hai letto l’intervista con Elías Jaua alla BBC in spagnolo di cui ha parlato anche Maduro? In pratica, Jaua dice che con il blocco siete tornati a una situazione capitalista. È così? E in questo caso, non credi che le necessarie misure economiche previste dalla Legge Costituzionale Antiblocco ritarderebbero ulteriormente la prospettiva della transizione al socialismo?

Il comandante Hugo Chávez concepì il socialismo venezuelano in cinque dimensioni: politica, economica, sociale, morale e territoriale. La prima conclusione è che nel processo di transizione socialista in Venezuela si applica la legge dello sviluppo ineguale e combinato. I nostri progressi in campo politico e sociale sono innegabili. Abbiamo una democrazia vigorosa, viva, con istituzioni solide e ora più rafforzata con la ripresa dell’Assemblea nazionale da parte delle forze rivoluzionarie. Il nostro modello democratico partecipativo e protagonista è di gran lunga superiore alla democrazia liberale borghese. La nostra democrazia si basa sul protagonismo popolare attraverso una rete ampia e diversificata di organizzazioni che costituiscono il potere popolare. Non concepiamo la democrazia come un atto che si realizza ogni 5 o 6 anni per definire gli incarichi elettivi, sebbene facciamo elezioni di questo tipo e molto più di qualsiasi altro paese al mondo. La concepiamo come un processo decisionale quotidiano in tutti gli spazi, territoriali e sociali, nelle comunità, nei centri di studio e nei centri di lavoro. In ambito sociale, nonostante la brutalità della guerra contro il nostro popolo, abbiamo difeso le conquiste sociali della rivoluzione con una politica di protezione sociale che garantisce il libero accesso all’istruzione (con oltre il 90% di scolarizzazione e l’80% nell’istruzione pubblica), alla salute (i risultati della lotta contro il COVID 19 nel paese sono un chiaro esempio), il diritto alla casa (non credo che ci sia un solo paese al mondo che ha costruito e consegnato alle persone 3 milioni 400mila abitazioni tra il 2011 e il 2020), il diritto al lavoro e la politica per la difesa del salario e del reddito familiare. Sono esempi di un progetto che costruisce l’uguaglianza sociale come espressione del socialismo. Ovviamente, dove stiamo progredendo più lentamente è nella dimensione economica. Penso che sia una dimensione in cui si sono svolti grandi dibattiti storici in paesi che hanno proposto processi di costruzione socialista. Ricordiamo i dibattiti in URSS con l’applicazione della NEP, a cui hanno partecipato, tra gli altri, Lenin, Trotsky, Bukharin e Preobajensky; oppure a Cuba all’inizio degli anni ’60 tra il Che, Charles Bettelheim e Carlos Rafael Rodríguez, tra gli altri. In questo campo, la prima conclusione è che non ci sono ricette, che dobbiamo affrontare il dibattito e la ricerca con lo spirito critico e anti-dogmatico di Chávez o del Che. A nostro avviso, in Venezuela abbiamo vissuto un periodo di prosperità economica tra il 2006 e il 2012, ci sono gli indicatori, un periodo che ci ha permesso di intraprendere trasformazioni sociali, nelle infrastrutture produttive e nell’economia, che ci hanno posto ad un alto livello di sviluppo sociale. A partire dal 2013, l’imperialismo si è messo d’impegno ed è riuscito nel suo intento con il bloqueo, le misure coercitive unilaterali (le cosiddette sanzioni), il furto dei nostri beni all’estero e la persecuzione delle nostre operazioni commerciali e finanziarie in tutto il mondo, ha impedito l’ingresso di valuta estera nel Paese concentrando il suo attacco contro PDVSA e la Banca Centrale del Venezuela. Se nel 2013 sono entrati nel paese più di 56 miliardi di dollari di proventi del petrolio, nel 2020 ne sono entrati 740 milioni di dollari. Penso che questo dia una misura dell’impatto dell’aggressione economica contro il Venezuela. La Legge Costituzionale Antiblocco è la nostra risposta a questa aggressione e ha lo scopo di portare investimenti nel Paese per aumentare l’entrata di valuta estera, al fine di continuare ad attivare l’apparato produttivo, migliorare i salari dei lavoratori, il reddito delle famiglie, eccetera. In questo senso, non rimuove la prospettiva della transizione al socialismo, piuttosto la avvicina. La dimensione etica e morale, quella dei valori, è un campo di battaglia. È ovvio che siamo andati avanti, altrimenti non avremmo resistito alla multiforme guerra dell’imperialismo; tuttavia, dobbiamo fare ancora molto per sconfiggere l’ideologia borghese e le sue manifestazioni. Il modello della rendita petrolifera, che si è installato nel paese da più di 100 anni, ha anche lasciato una cultura antagonista ai valori del chavismo. Sul terreno ideologico e culturale, anche in Venezuela è in corso una feroce lotta. In conclusione, in Venezuela non stiamo tornando al capitalismo che abbiamo già superato. In quanto all’economia, non abbiamo mai avuto un’economia socialista, come diceva già Chávez nell’introduzione al Plan de la Patria: “Non lasciamoci ingannare, la formazione socio-economica venezuelana è capitalista, il socialismo tra noi sta appena cominciando a muovere i primi passi ”. disse il Comandante. Resistiamo all’aggressione economica dell’imperialismo, ci prepariamo a fare il salto verso un’economia diversificata e produttiva, per avanzare verso il socialismo.

La farsa dell’autoproclamato continuerà, forse in altri modi. Il processo bolivariano dovrà coesistere con una sorta di contro-potere reazionario? Come state affrontando il problema?

Il contro-potere reazionario della Rivoluzione Bolivariana è l’imperialismo, la persona di cui parli e il suo gruppo criminale non hanno più alcuna influenza politica in nessun settore del paese. Le istituzioni, la giustizia e la storia se ne occuperanno.

Si è parlato spesso della necessità di una rivoluzione nel settore amministrativo dello Stato, fonte di burocrazia e corruzione. Come sappiamo, ci sono stati diversi modi per affrontare questo problema: nella Cina di Mao e in quella di oggi, nella Russia di Lenin o nella Cuba di Fidel Castro, ecc. Uno degli ostacoli da affrontare è la formazione, sia politica che professionale, dei quadri dirigenti dello Stato e del loro rapporto con il partito. Come funziona in Venezuela? Come viene affrontato questo problema visto che nei ministeri i funzionari pubblici sono solitamente rimasti quelli della Quarta Repubblica?

Il tema della burocrazia è anche un tema comune alla rivoluzione socialista del XX secolo – su di esso ci sono lavori di Lenin e del Che, per citare due esperienze concrete di momenti diversi del secolo scorso, così come sul tema della corruzione. Entrambi sembrano aver tracimato, con maggiore o minore intensità, nel 21° secolo. Per ragioni storiche, ereditiamo il modello della rendita petrolifera che è, come abbiamo affermato in un’altra parte della tua intervista, antagonista al socialismo, che invece è essenzialmente la società del lavoro. A questo modello è associata anche una cultura della rendita, e anche una cultura burocratica, che viene prodotta e riprodotta ogni giorno in varie istituzioni statali. Si impone con la forza dell’abitudine e dell’ideologia borghese, che permea ancora alcuni settori della società. È così, indipendentemente dal fatto che i funzionari pubblici siano stati lì dalla Quarta Repubblica o siano arrivati nella Quinta nei ministeri e in altre istituzioni statali, e vi sono ragioni strutturali. Ecco perché stiamo avanzando con la trasformazione dello Stato – insieme a quella dell’economia e dell’intera società – mediante il rafforzamento del Potere Popolare, che sarà un fattore determinante in questa trasformazione, con il parlamento comunale e le città comunali, di cui discuterà la nuova Assemblea nazionale. D’altra parte, il compagno presidente Nicolás Maduro ci chiama sempre a lottare contro la burocrazia, la negligenza e la corruzione, contro le cose mal fatte, contro il minimalismo (che consiste nel fare solo il minimo necessario, non sforzarsi di dare di più) . È una battaglia permanente che dobbiamo sviluppare dal partito politico d’avanguardia della Rivoluzione Bolivariana, il PSUV, e dalle stesse istituzioni statali. È una battaglia che ha a che fare con la formazione, che coinvolge teoria e pratica, analisi critica e autocritica dell’esperienza propria dei dipendenti – individuale e collettiva – e anche, in modo permanente, richiede di rivedere e rinnovare i metodi di lavoro e la direzione per svolgerli in modo più democratico e partecipativo. Così affrontiamo questo problema in Venezuela.

Geraldina Colotti

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