Día de la Rebeldía Nacional de Cuba: una oportunidad para reflexionar sobre dos amigos cercanos

Artículo de Nino Pagliccia

El 26 de julio se cumple el aniversario de un evento importante en la historia revolucionaria de Cuba. Ese día, en 1953, un grupo de menos de 150 rebeldes liderados por Fidel Castro lanzó un ataque contra la guarnición de Moncada en Santiago de Cuba, que hoy se recuerda como el Día de la Rebeldía Nacional.

Mucho se puede decir sobre los detalles del ataque que intentó poner fin a la dictadura de Fulgencio Batista. Por ejemplo, cómo perderse en las calles de Santiago pudo haber contribuido al fracaso del ataque, o sobre los muchos revolucionarios que fueron asesinados en el ataque, mientras que otros, incluido Fidel Castro, fueron capturados y encarcelados. Pero más allá del hecho histórico, lo que es importante recordar es que la conciencia popular que surgió del ataque al Moncada inevitablemente inició un proceso que condujo al triunfo de la revolución cubana casi seis años después, el 1 de enero de 1959.

Recordar este evento nos invita a notar paralelismos con otro proceso revolucionario que tuvo lugar casi 40 años después y que ha cambiado el paradigma político en América Latina, aunque, como el ataque al Moncada, no tuvo éxito en ese momento.

El 4 de febrero de 1992 también hubo un intento fallido de tomar el control del gobierno corrupto de Carlos Andrés Pérez en Venezuela. Hugo Chávez no pudo tomar el gobierno en ese momento y pronunció la frase profética «por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron logrados«. Una frase que nos recuerda la respuesta de Fidel Castro a sus acusadores de que el héroe de la independencia cubana, José Martí, fue el autor intelectual del ataque al Moncada. Todos los cubanos que reconocían la autoridad moral de José Martí fueron alertados del significado del ataque «fallido».

La rebelión de Hugo Chávez despertó la conciencia de los venezolanos y comenzó un proceso revolucionario que no solo fue posible, sino también necesario. Después de su arresto, más tarde, casualmente unos seis años después, cambió su táctica para ganar el poder político de una rebelión armada a una victoria electoral en 1998 para lograr la presidencia del país. Esa victoria, de hecho, fue un ejemplo en América Latina.

Si las décadas de 1950 a 1980 fueron las décadas de resistencia para Cuba y otros países latinoamericanos, la década de 1990, luego del colapso de la Unión Soviética, y tal vez debido al colapso de la Unión Soviética, marcó el comienzo de décadas de resistencia a través de América Latina hasta el día de hoy: resistencia contra la hegemonía del imperio estadounidense y el azote del imperialismo.

La comparación de eventos memorables es esclarecedora porque centran nuestra conciencia en los elementos comunes que, en última instancia, resaltan las ganancias dentro de los «fracasos». De la comprensión activa de esos eventos podemos extraer nuestras lecciones del pasado para aplicarlas en las luchas del futuro.

Y ahí radica la importancia de recordar eventos históricos. Nos vemos obligados a prestar atención al contexto o las condiciones objetivas en que ocurrieron esos eventos, y aprender de ello.

La relevancia de las condiciones objetivas

No podemos pensar que una revolución viva permanezca estática porque eso no sería realista dado el mundo cambiante que nos rodea. Nada humano puede ser estático. Tampoco podemos hablar de una revolución como creciente porque lo que crece eventualmente envejecerá y morirá.

Debemos pensar en una Revolución como un proceso en evolución, transformación o desarrollo en constante movimiento. Pero lo más importante, debemos creer que los procesos evolutivos responden a contextos cambiantes. En otras palabras, una revolución es un proceso que tiene en cuenta las condiciones objetivas actuales como indicadores para la próxima transición revolucionaria. Las condiciones objetivas fueron abrumadoramente a favor de un levantamiento el 26 de julio de 1953 en Cuba.

Socialmente, Cuba estaba bajo una dictadura tiránica con un alto grado de represión política, tortura, pobreza, falta de atención médica adecuada y salud pública, alta tasa de analfabetismo, alta tasa de mortalidad infantil. Políticamente, Cuba no tenía verdadera independencia o soberanía. La realidad era una incesante interferencia del gobierno de los EE. UU. en los asuntos internos para establecer gobiernos títeres que favorecieran sus propios intereses.

Después del ataque al Moncada se fundó el «Movimiento 26 de julio» (M-26-7). El Movimiento luchó contra el régimen de Batista en los frentes rural y urbano. Los principales objetivos del movimiento fueron la distribución de tierras a los campesinos, la nacionalización de los servicios públicos, la industrialización, las elecciones honestas y las reformas educativas y de salud a gran escala.

Las condiciones objetivas en Venezuela en 1992 fueron muy similares. Las aparentes elecciones presidenciales «democráticas» no produjeron ningún progreso social sustancial. Por lo tanto, Chávez consideró que un levantamiento estaba justificado y era necesario. Esa acción capturó el sentimiento de la mayoría de los venezolanos y se convirtió en un catalizador para la consolidación del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200) que se fundó en 1982, y que se convirtió en el partido Movimiento Quinta República (MVR) en 1997. Bajo el MVR Chávez participó en el proceso electoral en 1998 que lo llevó a ser elegido presidente de Venezuela.

Venezuela ha sufrido muchos desafíos con respecto al imperio estadounidense para defender la Revolución Bolivariana y sus logros sociales. Está teniendo éxito social y político mientras está luchando económicamente debido a las medidas coercitivas ilegales unilaterales de Estados Unidos y al bloqueo financiero.

Hoy, habiendo neutralizado la violencia derechista desenfrenada, y con Nicolás Maduro como presidente reelegido el 20 de mayo de 2018, Venezuela continúa construyendo una sociedad socialista antiimperialista fortaleciendo su Revolución Bolivariana con el chavismo.

Pero volviendo a la situación de Cuba, este es un país sin grandes recursos naturales, y con casi 60 años de un devastador bloqueo infligido por Estados Unidos, que ha logrado resistir al imperio y hoy es un país con mayor confianza política. Es así como sabemos que la resistencia y la persistencia funcionan.

Tras un período de expectativas esperanzadoras con Barak Obama y Raúl Castro reabriendo las relaciones diplomáticas en 2014, algunos observadores pensaron que una nueva era estaba por comenzar. Pero muchos sabían muy bien que el gobierno de los Estados Unidos nunca renunció a la intención de un cambio de régimen en Cuba. Eso finalmente se hizo evidente bajo el presidente Donald Trump, cuya administración retiró la mayoría de las concesiones que Obama había hecho y permitió que el tulo III de la Ley Helms-Burton se implementara por primera vez.

Cuba hoy todavía está bajo un fuerte bloqueo estadounidense y la revolución cubana es igual de fuerte con su nuevo presidente Miguel Díaz-Canel siguiendo a las figuras revolucionarias históricas como Fidel Castro y Raúl Castro. Cuba y Venezuela mantienen una relación cercana.

La economía de Cuba está funcionando bien considerando el bloqueo y la actual pandemia mundial del coronavirus. Cuba mantiene los logros sociales y continúa brindando un gran servicio con sus misiones médicas, que han brindado un valioso apoyo en la lucha contra la pandemia de COVID-19 en docenas de países del mundo, incluida Venezuela.

Reflexiones finales

El aniversario del Día de la Rebeldía Nacional de Cuba es una oportunidad para reflexionar sobre dos países amigos cercanos, Cuba y Venezuela, que han emprendido procesos revolucionarios socialistas por separado en América Latina. Como observadores y analistas, vemos a dos países en diferentes etapas de su proceso revolucionario. Uno no es mejor que el otro. Solo reflejan sus respectivas condiciones objetivas.

Si hay alguna lección que aprender al recordar eventos históricos como el ataque al Moncada en Cuba, o el 4 de febrero de 1992 en Venezuela, es que las condiciones objetivas son determinantes esenciales de un proceso revolucionario. Necesitamos recordar que esto también es cierto hoy y debería inspirar movimientos similares.

Determinar cuándo las condiciones objetivas son favorables para consolidar un proceso revolucionario, y el tipo de proceso revolucionario en un momento dado no es una tarea fácil. Requiere un análisis profundo, observación prolongada, conocimiento político y cierta toma de riesgos. Habrá muchos factores de confusión para distraer de los principales objetivos sociales. Muchas de esas distracciones son fabricadas como desinformación precisamente por la propaganda imperial. Siempre debemos permanecer vigilantes y alertas, y en última instancia solidarios con nuestros amigos luchadores.

En fin, Cuba y Venezuela se mantienen fieles al pueblo. Sus procesos revolucionarios actuales reflejan firmemente dos cosas: 1) respeto por la voluntad legítima y democrática del pueblo, y 2) la determinación de permanecer ferozmente socialista, antiimperialista y soberano.

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