«Aquí ha habido muchos ataques y problemas» | Entrevista con Mikel Moreno, vasco residente en Venezuela

MIKEL MORENO. Bilbaíno residente en Venezuela

Traducción de Pakito Arriaran | Entrevista original en Berria

Mikel Moreno lleva casi 8 años en Caracas. Vive feliz, integrado en la sociedad y muy unido al día a día político. Entre otras cosas, Mikel admira la vitalidad y la alegría con la que la gente enfrenta sus problemas diarios.

Motivado por la curiosidad Mikel Moreno (Bilbo, 1981) migró a Venezuela. Desde 2012 vive en Caracas. No descarta volver a Euskal Herria, pero admite que es «difícil» después de «tanto tiempo». De hecho, el arraigo es fuerte: «He construido una vida, y, a decir verdad, la situación es muy interesante; entre los cambios que se pueden dar a nivel mundial, este es un punto central, y para mi está siendo una gran experiencia».

 

Motivado por la curiosidad Mikel Moreno (Bilbo, 1981) migró a Venezuela. Desde 2012 vive en Caracas. No descarta volver a Euskal Herria, pero admite que es «difícil» después de «tanto tiempo». De hecho, el arraigo es fuerte: «He construido una vida, y, a decir verdad, la situación es muy interesante; entre los cambios que se pueden dar a nivel mundial, este es un punto central, y para mi está siendo una gran experiencia».

 

¿Qué te llevó a viajar a Venezuela hace casi 8 años?

Vine en octubre de 2012, después de que Chávez ganase sus últimas elecciones. Unos amigos trabajaban aquí, en una empresa relacionada con tecnología agraria. Llevaba tiempo con ganas de venir, porque quería conocer de cerca la situación de Venezuela y, cuando me ofrecieron la posibilidad de venir a trabajar, no lo dudé.

 

¿Qué sabías sobre Venezuela antes de ir allí?

No tenía una idea clara. En aquella época no existía el bombardeo mediático actual, pero lo cierto es que las únicas noticias que circulaban en los medios masivos eran negativas, sobre las formas autoritarias del gobierno venezolano, sobre todo. Yo tenía curiosidad. Ya sabía que estaban intentando crear algo diferente y que la situación era compleja. No era un defensor acérrimo del chavismo, pero sabía que los EEUU querían intervenir como fuese, y quería conocer todo de cerca.

 

¿Qué ha sido lo que más te ha sorprendido del modo de vida en Venezuela?

Sin duda, la alegría de vivir de la gente. Cuando llegué se intuía la crisis económica que venía, que se ha intensificado en estos años. Aquí ha habido infinidad de problemas y de ataques, como las sanciones o la guerra económica impulsada por EEUU. La gente tiene problemas para llevar una vida normalizada; en comparación con Euskal Herria, ha sido habitual la escasez de productos: alimentos, medicinas… Después de 7 años, los problemas se han agudizado, y aún así, la gente se ha mantenido firme con esa vitalidad. Me imagino a los europeos con problemas diarios como los que se viven aquí: se volverían todos locos.

 

¿Cómo es el modo de vida allí?

Es muy diferente. Al final, se puede decir que es real el mito ese que hay del «ritmo caribeño». No hay prisa, y la vida se mueve de otra manera. Pero eso ha ayudado a enfrentar esa realidad compleja que existe. Han intentado desestabilizar el país en infinidad de ocasiones: una semana pueden intentar dar un golpe de estado, la semana siguiente llevan a cabo un ataque tecnológico que deja sin luz todo el país… pero la gente sigue siempre adelante con esa vitalidad o alegría.

 

¿Se percibe en la sociedad el conflicto que se proyecta hacia el exterior?

Hay momentos y momentos. Por ejemplo, en la época de las guarimbas, cuando ha habido intentos de golpes de estado, o con la aparición de Guaidó, ha habido problemas sociales, claro. Esos movimientos políticos han sacado la gente más radical a la calle, y ha llegado a haber muertes. Pero en general, en las épocas en las que no se nota esa tensión política, ese conflicto no se siente. Hay gente que se queja, los problemas no desaparecen, están ahí, pero todo se lleva dentro de una normalidad para convivir o relacionarse. En donde yo vivo (una zona popular del centro de Caracas) es así. Claro, si vas a zonas ricas de la ciudad, te contarán otra historia, esos llevan el odio muy interiorizado.

 

¿Qué resaltarías del funcionamiento del país?

Hay que subrayar el empoderamiento del pueblo en los 20 años que lleva el chavismo gobernando. A la gente se le ha dado la capacidad de organizarse y resolver los problemas que surgen en su comunidad. A través de los consejos comunales o de las comunas los problemas locales se solucionan en la cercanía, con la ayuda de las instituciones también. Más allá de eso hay miles de ejemplos, más relacionados a la macropolítica, como grandes medidas económicas, a través de las cuales se ha beneficiado a la sociedad.

 

¿Has tenido problemas para integrarte?

Ninguno. A decir verdad, ha sido muy fácil. La gente es agradable y muy abierta. Además, debido a la campaña mediática de desprestigio que hay contra Venezuela en el extranjero, no hay mucha gente de fuera. Y a la gente de aquí, da igual que sea chavista u opositor, le gusta hablar con los extranjeros: están muy dispuestos a contarte su vida y a hacerte preguntas sobre la tuya. Además tienen una cultura política enorme, y una gran capacidad para debatir de una forma sana, exponiendo argumentos.

 

¿Cómo es la situación actual (por el coronavirus)?

Debido al bloqueo de EEUU, el sistema de salud tiene deficiencias. Aun así, se tomaron medidas radicales muy rápidamente y apenas ha habido muertes por coronavirus. Todavía estamos en confinamiento pero es cierto que las medidas se van relajando, ya que la situación de emergencia sanitaria está bastante controlada.

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