«Ecuador está cerca de la guerra civil. Moreno usa ambulancias para transportar equipo antidisturbios»

Artículo de Geraldina Colotti revisado en castellano por Gabriela Pereira

«Estamos al borde de una guerra civil». Amauri Chamorro, analista y consultor internacional de orientación marxista, comenta sobre la situación en Ecuador, su lugar de nacimiento en el que acompañó la campaña electoral de Rafael Correa y luego de Lenin Moreno. Lo encontramos en Caracas, en medio de una revuelta popular contra las medidas neoliberales impuestas por el gobierno de Moreno, que traicionó el programa para el cual fue propuesto por el propio Correa.

 

¿Cuál es la situación en Ecuador y hacia dónde puede conducir?

Estamos en medio de una explosión social causada por el aumento de una serie de medidas económicas aplicadas por el acuerdo entre el gobierno de Lenin Moreno y el Fondo Monetario Internacional. Moreno decidió, entre otras cosas, aumentar los precios del combustible, reducir los salarios de los funcionarios públicos, que sufrieron despidos masivos (alrededor de 200.000 funcionarios públicos perdieron sus empleos). Al mismo tiempo, se ha entregado un “perdonazo” a los más ricos de más de 4.5 millones de dólares, ha endeudado al país en detrimento de las clases medias y pobres para reponer las arcas del Banco Mundial y la oligarquía: la clásica receta neoliberal. La gente no lo soportó y salió a la calle contra el gobierno, que reaccionó con extrema violencia. Cuando el ex alcalde de Guayaquil, representante de la oligarquía ecuatoriana se refirió a los nativos de una manera muy racista, el país explotó. Moreno ha trasladado la sede del gobierno de la capital Quito a Guayaquil. Se refugió allí porque no tiene suficiente apoyo en Quito, ni tiene suficiente control estatal, y tuvo que pedir ayuda a la oligarquía local, pero la gente también salió a las calles y la presión está aumentando. Nos estamos acercando a una guerra civil. Nunca en la historia del país un presidente había movido la sede del gobierno, nunca había habido movilizaciones similares.

¿Qué sectores apoyan al gobierno?

Para proteger a Moreno hay militares al mando directo de los Estados Unidos, porque en Ecuador se reactivaron las bases militares, Ecuador sigue el camino de Colombia. La CIA ha vuelto, ha vuelto la DEA, el FMI ha vuelto, cuya oficina ha sido invadida por los manifestantes. Toda la fuerza de seguridad estadounidense está presente en el país y apoya a Moreno. La cupula militar lo apoya, pero no la base, porque a pesar del clima de terror prevaleciente, y aunque en Ecuador no existe una unión cívico-militar como en Venezuela, el ejército no reprime fácilmente al pueblo del que forma parte. Apoya a Moreno esa misma policía que, en 2010, secuestró al presidente Correa e intentó un golpe de Estado, y que ahora se dedica a reprimir a la gente. El apoyo a Moreno proviene de los bancos en cuyas manos está ahora el poder que la Revolución Ciudadana había recuperado, y que actúan en concierto con las grandes compañías privadas de medios, cómplices en la censura impuesta al país. El gobierno ha prohibido a todas las instituciones públicas difundir comunicados sobre la cantidad de muertes o lesiones que aumenta día a día. Radio Pichincha Universal esta cerrada, la principal radio de resistencia en Ecuador que no estaba alineada con el gobierno, y estaba operando en un área donde la revolución de la ciudad es fuerte. Se aplica el estado de emergencia. Quiero denunciar una situación muy grave, una violación de todos los tratados internacionales y de la Convención de Viena. Hay videos que muestran cómo la policía está utilizando ambulancias de la Cruz Roja para distribuir armas antidisturbios, para reprimir a los manifestantes y provocar el caos. Sin embargo, Moreno no puede permanecer en la silla y tendrá que caerse.

¿Cuál podría ser la salida?

Elecciones anticipadas. En la constitución de 2008, existen mecanismos que pueden activarse para restablecer el estado de derecho. La Asamblea constituyente puede destituir al presidente y obligarlo a renunciar. En este caso, el vicepresidente asumiría funciones y debería convocar nuevas elecciones. En este caso, Rafael Correa, quien ha sido injustamente discapacitado, podría regresar y presentar una solicitud. Estamos ante una crisis constitucional sin precedentes. El actual vicepresidente, un representante de la oligarquía, es el tercero en dos años. Las violaciones de los derechos humanos son constantes, muchos de nosotros nos hemos visto obligados a irnos para evitar ser arrestados. Cientos de personas buscan asilo fuera del país para evitar ser arrestados injustamente como le sucedió al ex vicepresidente Jorge Glass: un preso político, como Lula, sentenciado en octubre de este año después de haber sido encarcelado ilegalmente durante dos años, sin pruebas y con un juicio basado en un código penal anterior al actual. Un absurdo legal se activó para sacarlo de la vicepresidencia y mantenerlo en la cárcel, ya que el juicio comenzó y terminó cuando el nuevo código ya estaba en vigor. Ahora está en marcha un auto golpe de estado, un giro autoritario en el que el parlamento ha sido cerrado, la Corte Constitucional no está funcionando, se ha impuesto un estado de excepción, la fuerza armada está en las calles, hay una fuerte censura, un creciente número de muertos y heridos que no se menciona. La revolución ciudadana había convertido a Ecuador en uno de los países más seguros de América Latina, no solo por la lucha contra el crimen, sino por haber comenzado un modelo de desarrollo económico-social que había atacado las causas que producen violencia. Debemos resucitar esas esperanzas.

La traición de Moreno, sinembargo, no viene de la nada. Ya después del terremoto de 2016, las grandes instituciones internacionales habían regresado y luego Ecuador había firmado el Tratado de Libre Comercio con Europa. ¿Qué márgenes existen para establecer reformas estructurales en un sistema-mundo dominado por el capitalismo?

Debemos decirlo claramente: Rafael Correa nunca ha traicionado la Revolución Ciudadana y nunca fallará en el deber histórico de defender al pueblo ecuatoriano. Nunca en la historia del país un presidente había hecho tanto para defender a los más pobres, para darle al país una nueva soberanía a través de políticas económicas en beneficio de los sectores populares, especialmente los campesinos. El tratado con Europa era inevitable, no firmarlo habría llevado al país al fracaso debido al volumen de exportación existente, los aranceles preferenciales para los productos ecuatorianos (plátanos, camarones, flores, petroleo) se habrían cancelado, así como las autorizaciones comerciales fitosanitarias. Se habría destruido la economía del país. En cambio, las condiciones que negociamos no pusieron en riesgo la economía nacional, como se hizo en México o Colombia, en Chile, que de ser países productores se convirtieron en importantes importadores de productos que cuesta menos importar que producir. Vivimos en un sistema en el que los países capitalistas son la mayoría, aparte de loables excepciones como Cuba o Vietnam que han demostrado la posibilidad de un camino diferente de desarrollo. Los procesos revolucionarios en América Latina, donde acudieron al gobierno con el voto y no con la lucha armada, y aún más en un país pequeño como Ecuador, no pudieron profundizar y no pueden desconectarse del resto del mundo. Si permanecemos dentro de la esfera de la democracia burguesa, necesitamos una capacidad económico-productiva que nos permita profundizar el proceso revolucionario. Para avanzar hacia un sistema de desarrollo basado en el conocimiento y no en el extractivismo, se necesitaba petróleo para financiarlo … Una necesidad que cierta izquierda más acostumbrada a escribir papers que a transformar realmente las cosas, no quería entender, se opuso a nosotros con una agenda muy funcional a la de la derecha, a la que terminó alineándose. En Ecuador, María Fernanda Espinosa fue la autora de la persecución contra Correa, junto con su esposo Eduardo Mangas. Gente nefasta para la Revolución Ciudadana y para el país que contribuyó a las falsas acusaciones contra Jorge Glass, como lo hizo Augusto Barrera, quien era embajador en Cuba y cómo esos sectores de la izquierda ecuatoriana que mantuvieron excelentes relaciones con la oligarquía, apoyaron a Moreno y hoy son responsables de lo que sucede en el país. María Fernanda Espinosa recibió el Comando Sur en Ecuador junto con el presidente del Partido Socialista Patricio Zambrano, hoy embajador en Unicef. Todos han firmado acuerdos para el regreso de los militares estadounidenses a Ecuador. Acusan a Rafael Correa, quien tuvo el coraje de exponerse a las balas en 2010 y está dispuesto a hacerlo nuevamente, mientras estos cobardes viajan a América Latina presentándose como amigos de la Revolución ciudadana, mientras son traidores al pueblo ecuatoriano. Lo mismo ocurre con los líderes de la Conaie, la Confederación de nacionalidades indígenas, que hoy parece la organización que dirige las movilizaciones indígenas, aunque no es así, se agregó más tarde, cuando la gente ya estaba en las calles. La Conaie apoyó al banquero Guillermo Lasso, quien le robó más de 30.000 millones de dólares al pueblo, terminó en los tribunales pero se salió con la suya, hizo campaña por este representante del neoliberalismo. Es una organización cuyos líderes son corruptos y no representan al mundo indígena, que siempre ha votado por Correa. En los sectores indígenas, Correa siempre ha recibido más votos, fue el único presidente que habla quechua. No debemos ser engañados. En toda América Latina existe una izquierda, en algunos casos burguesa, en otros corrupta, funcional a la derecha en el continente, que está financiada por ONG, institutos extranjeros, alemanes y norteamericanos. Traen a la ONU a un nativo con vestimenta tradicional sin decir que es dueño de compañías en las que se practica el trabajo esclavo, que protege a los responsables del contrabando de oro en el sur de Ecuador con el pretexto de defender la Pachamama. Esta organización tuvo que salir a la calle para no ser excluida del juego. Estos sectores se han unido en el odio contra Correa, y fueron ellos quienes entregaron a Assange al imperialismo.

¿Qué sectores protestan contra el gobierno y quién los representa políticamente?

En este momento es un movimiento generalizado y espontáneo en el que el mundo indígena está presente, están los afrodescendientes, los estudiantes, los trabajadores … El gobierno busca legitimar representantes como Conaie y organizaciones de transportistas, que pueden ser manipulados por la oligarquía. Los de los transportistas son estructuras muy poderosas que derribaron al gobierno de Jamil Mahuad durante la crisis financiera de 1999, logrando paralizar el país, pero que no representan este movimiento. Por esta razón, fueron ignoradas por la base y su comunicado anunciando que abandonarían la huelga después de firmar un acuerdo con el gobierno era ridículo. La base prácticamente los repudió. Todas las investigaciones dicen que la gente todavía está a favor de Correa. El movimiento de la revolución ciudadana no tiene pretensiones hegemónicas, pero es parte de esta movilización. Todos saben que la única oposición real a Moreno está representada por Correa, que cuenta con el apoyo de amplios sectores de la población que no se consideran ni de derecha ni de izquierda, pero cuya actitud siempre ha sido claramente de izquierda. Lo demostró durante los años de gobierno liberando al país de la protección de Estados Unidos, eligiendo aliarse con Cuba, con Venezuela y los países progresistas del continente, con movimientos sociales.

Moreno aprovechó la oportunidad para acusar a Nicolás Maduro de financiar la rebelión en Ecuador, poniéndose en la misma línea que Colombia y los países subordinados a los Estados Unidos. ¿Cuánto pesan estas declaraciones en Ecuador?

Moreno está tratando de forjarse un papel internacional en el campo del imperialismo. Sabiendo que Ecuador tiene poco peso en el panorama geopolítico, trata de desmantelar la integración regional destruyendo organizaciones como la Unasur y dirigiendo el ataque contra Venezuela luego del fracaso de los planes de la oligarquía colombiana. Intenta atribuirle a Maduro la responsabilidad del caos que ha causado al aplicar las recetas del FMI, pero los mismos medios de comunicación de derecha no le creen, porque afirmar que Maduro pudo haber pagado a un millón de personas es obviamente absurdo.

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